jueves, 19 de marzo de 2009

Buscando a la Nación Boliviana

(Por: Luis F. Medrano E.)

Bolivia está atravesando ahora una de sus más severas crisis desde los turbulentos años del retorno a la democracia. Una crisis que incluso levanta las no pocas voces e intereses, que directa u ocultamente, buscan distorsionar la verdad en pos de una desarticulación y hasta división de nuestro país.

Lo más grave es que ahora incluso muchos de nuestros mismos hermanos bolivianos levantan dudas respecto a qué es lo que somos, qué nos une, y por sobretodo, qué es lo que nos desune. Dudan de Bolivia y de sí mismos.


Es evidente que quien está conforme está ya casi muerto, y por lo tanto uno debe siempre buscar más, criticar y corregir lo que va mal. Ante la dolorosa realidad del aumento de nuestra pobreza, de mayores conflictos y problemas, surgen intentos de nuevos proyectos, propuestas y soluciones, pero que lamentablemente carecen el proponer un elemento esencial: el de generar la unidad y la capacidad de autodeterminación mínimas para ser y actuar en este mundo globalizado. Una realidad que paradójicamente requiere que el estado nación no desaparezca, sino que se reconfigure ante los nuevos desafíos. En otras palabras, la regeneración de canales y redes de solidaridad, unión y planes conjuntos para lo que nosotros queremos.

En vez de ello surgen los extremos que subliman escenarios pasados o futuros a cambio de un presente efímero y sin proyección coherente. En un extremo tenemos los discursos que hablan de la nación aymara, de la nación quechua, de la nación guaraní… y en el otro, de quienes se auto-proclaman como nación camba. Los primeros postulando un programa milenarista: la reconstitución del Tahuantinsuyu, y los otros, la creación de un estado autónomo asociado. Ambas posiciones, mas allá de las grandes diferencias y legitimidades que puedan sostenerse sobre ellas, se asientan en la diferenciación de los bolivianos en distintas naciones, y subestimando las redes de verdadera nacionalidad boliviana que se han tejido y creado en el tiempo. Confunden la ilusoriedad del estado aparente, nacido artificialmente, con las verdaderas e innegables bases realmente nacionales (que evidentemente no son suficientes y mucho menos completamente desarrolladas), pero que existen y más importante todavía, seguirán pese a los argumentos fatalistas.

No es la intención del autor el abarcar las causas y matices de toda esta complejidad, sino tan solo enfocar un aspecto de esta crisis: el haber hecho relucir, una vez más, una tarea incompleta: la ausencia de una autoconciencia de identidad nacional. Un re-conocimiento sincero de lo que somos, una mirada coherente y unificadora que nos permita unir fuerzas y soñar juntos los próximos difíciles pasos...

Para leer todo el artículo: Bolivia

lunes, 16 de marzo de 2009

Los EMOS: ¿Una subcultura o un invento del mainstream?

(por: Daniel Hernández P.)

A principios de marzo de 2008, una serie de reportes noticiosos documentaron una escalada de ataques verbales y físicos por parte de “tribus urbanas” llamados “darks” en contra de los “emos”. Las trifulcas se iniciaron en la ciudad de Querétaro y se extendieron al D. F., Colima, Celaya, Durango, Puebla y otras partes del país. Los ataques dieron por resultado que los emos realizaran una serie de marchas donde pedían tolerancia a sus manifestaciones estéticas y personales. De pronto, los emos comenzaron a llamar la atención de todo el país ¿Pero de dónde y cómo surgieron los emos?


La palabra emo proviene de “emoción” o “emocional” y al principio constituía una tendencia musical del hardcore-punk de finales de la década de los ochenta que tuvo su origen en la escena musical de Washington, D. C., llamada emotional-hardcore, o emo-core y que hacía alusión a la carga emocional que contenían las letras de las canciones de bandas como Rites of Springs, Fugazi y Sunny Day Real State, que encabezaban este movimiento musical.

Las Tres etapas del género emo

Los analistas de este género identifican tres etapas de esta tendencia: La primera surge a mediados de los ochenta cuando surge el emocore, con el disco de una banda llamada Rites of Springs. Las letras de Guy Picotto, líder de esta banda revelaban una pasión por la soledad, la introspección y una marcada melancolía...

Para leer todo el artículo: EMOS

lunes, 9 de marzo de 2009

Marcel Marceau y algo más que la apología del silencio…

(por: Jorge Miguel Veizaga R.)

No pretendo escribir uno más de los múltiples homenajes a Marcel Marceau, estoy seguro que hay quienes lo conocieron muy bien y saben muchísimo más que yo. No puedo – sin embargo – evitar el quedar consternado por la reciente y sentida partida del Gran Mimo, del artista. Su muerte además de hacerme pensar en ella como tal, me lleva a meditar en la vida, especialmente en la suya y su significado esencial.

Como se sabe, Marcel Mangel (así se llamó antes) pasó por la experiencia de la segunda guerra mundial. Siendo muy joven participó de la resistencia y en todo caso, conoció de cerca el “horroroso teatro de la guerra”, según afirma él mismo, tanto que en una entrevista a la par que admira el valor-inocencia de la juventud, aborrece totalmente la guerra, en sus palabras: « On ne peut pas faire du théâtre quand la guerre est là, parce que c’est un théâtre terrible… » ; « … parce que je ne veux plus la guerre, je déteste la guerre… » .



En 1944 comienza a formarse artísticamente con Etienne Decroux (aunque él ya había descubierto su pasión por el mimo muchos años antes influido por artistas como Chaplin, de quien afirma tenía la profundidad en la mirada que la mímica exige). Desde entonces, su capacidad innata fue desarrollándose y a través de “Bip”, el célebre personaje de Marceau, el arte del mimo verá un nuevo renacer.

El éxito de Marceau en el arte ha sido mundialmente aplaudido. Asimismo, él ha mostrado una clara coherencia entre su arte y su vida personal, involucrado y preocupándose por los problemas de toda la humanidad, fue Embajador de Buena Voluntad de las Naciones Unidas para la vejez y en última instancia se muestra preocupado por que el hombre pueda alcanzar una paz duradera, esto se ve claramente cuando dice: « … et puis… j’ai parfois une tristesse, en me disant : qu’est ce qu’on va devenir si le monde va évoluer aussi mal que ça ? Est-ce qu’on connaîtra un jour vraiment la paix éternelle ? ».

Para leer todo el artículo: MMarceau